Column

 
“After this I had a vision of a great multitude, which no one could count, from every nation, race, people, and tongue.” Rev 7:9
 
Happy All Saints and All Souls solemnities! These two back-to-back celebrations at the beginning of the month of November are at the center of the fascinating story of God’s powerful manifestation in the grand scheme of the salvation history. Coming to us towards the end of a liturgical season, they celebrate the eternal home, glorious and holy in nature, filled with holy souls. All saints solemnity celebrates the “heavenly celebrity” circle of those whose life on earth was a streak of faithful discipleship in Christ. They did not only confessed him to be a true savior but partook in his ministry to share with the world everything they had; their talents, their time, their revelation of who God is, to and with everyone around them especially the hungriest and those thirsting for God. In their works, they witnessed God and helped others to see and know him. They still do this for all of us. Saints fought every fight to make Christ be known to everyone they came across. We are celebrating their active, endless mission and the promise that we too can imitate Christ and live like the saints to make Christ and God real in our world. This is the central invitation for all of us; to evangelize “every nation, race, people, and tongue” and manifest God’s kingdom here on earth before we come to experience it with all the saints in heaven. 
 
All souls solemnity on the other hand, celebrates every beloved faithful whose soul is in God’s hand. Christ has shown us the way to the Father, not ending in the grave, rather passing from death to life; eternal life. Our loved ones who have gone before us have deep connection with God and have profound opportunity to partake in the promise of seeing him face to face. We are all in that same path. We treasure the memories we have of them and we pray that they receive the glorious promise Christ gave them since baptism. We continue to pray for an end to the pandemic and for the safety and wellbeing of everyone. May love and peace from God our Father reign above all else! Be well, Be safe. 
 
In Christ – Fr. Mahonge 
 
 
 
 
 
Vi luego una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Apocalipsis 7:9
 
¡Felices solemnidades de Todos los Santos y Todas las Almas! Estas dos celebraciones consecutivas a principios del mes de noviembre están en el centro de la fascinante historia de la poderosa manifestación de Dios en el gran esquema de la historia de la salvación. Viniendo a nosotros hacia el final de un tiempo litúrgico, celebran el hogar eterno, glorioso y santo por naturaleza, lleno de almas santas. La solemnidad de todos los santos celebra el círculo de “celebridades celestiales” de aquellos cuya vida en la tierra fue una racha de fiel discipulado en Cristo. No solo le confesaron que era un verdadero salvador, sino que participaron en su ministerio para compartir con el mundo todo lo que tenían; sus talentos, su tiempo, su revelación de quién es Dios, para y con todos los que los rodean, especialmente los más hambrientos y sedientos de Dios. En sus obras, fueron testigos de Dios y ayudaron a otros a verlo y conocerlo. Todavía hacen esto por todos nosotros. Los santos lucharon en todas las batallas para dar a conocer a Cristo a todos los que se encontraban. Celebramos su misión activa e interminable y la promesa de que nosotros también podemos imitar a Cristo y vivir como los santos para hacer que Cristo y Dios sean reales en nuestro mundo. Esta es la invitación central para todos nosotros; evangelizar “toda nación, raza, pueblo y lengua” y manifestar el reino de Dios aquí en la tierra antes de que lo experimentemos con todos los santos en el cielo.

La solemnidad de todas las almas, por otro lado, celebra a cada fiel amado cuya alma está en la mano de Dios. Cristo nos ha mostrado el camino al Padre, que no termina en el sepulcro, sino que pasa de la muerte a la vida; vida eterna. Nuestros seres queridos que nos han precedido tienen una conexión profunda con Dios y tienen la oportunidad de participar en la promesa de verlo cara a cara. Todos estamos en el mismo camino. Atesoramos los recuerdos que tenemos de ellos y oramos para que reciban la gloriosa promesa que Cristo les dio desde el bautismo. Seguimos orando por el fin de la pandemia y por la seguridad y el bienestar de todos. ¡Que el amor y la paz de Dios nuestro Padre reine sobre todo! Esté bien, esté a salvo. 

 
En Cristo – P. Mahonge