PALM SUNDAY 2022

What an absolutely terribly wonderful day!

We gather to emulate what the people of Jerusalem did in the waning days of Jesus’ public ministry, and then bear witness to one of the most profound truths of our faith.

Jesus the Christ, the agent of creation, the one who has given us life, and who is love itself has entered into his own work and revealed in a most striking way his union with and love for his creation. For almost all of the thirty or so years of his presence on earth he has eschewed public events of veneration recognition or celebration of who he is as the Christ, God’s anointed, the Messiah, Our Saviour. Love itself has been in solidarity especially with the marginalized of society as witness to Isaiah’s description of him as God’s servant.

But this time is different.

The climax of his ministry is at hand. The great expression of the fullness of his oneness with his creation in all aspects is about to happen. The great healing is about to take place. The gateway to the fullness of life for all creation is about to be opened. He who was just acknowledged as Messiah, as Lord and Saviour is going to undergo extraordinary suffering and humiliating death to bring about that healing and open the gates to the fullness of life.

Love itself takes upon himself our suffering, our brokenness, the injustices we have suffered and committed, our sinfulness in all its dimensions and transforms it all in his passion and death. In this way Love itself joins with all who have ever suffered or ever will suffer to validate the meaning of suffering and to let us know that not only does he know what it is to suffer as we may, but also that he is unafraid of being at our side to share our suffering with us. And as he has done so often in his public ministry reaching out and healing all who came to him, so too this suffering is the great of healing for his creation.

This gift of healing and life is not just for the “good guys”. It is for the good, and the bad, the just and the unjust, for all of humanity and all of creation. Jesus invites us to accept this great gift as a sign of his unconditional and irrepressive love for all. It is the gift of transformation. It is the offer to take him as the center of our lives, to acknowledge his presence with and within us and the power of his presence to heal the illusion of separation from him It is the promise, the hope, and the opportunity become fully what God has created us to be.

Love itself did not undergo his passion that we might feel some profound guilt, but that we might experience profound love. It was not for us to fear his retribution for our sins, but as Scripture says in so many places that we may be unafraid, and able to approach our God for healing and restoration.

What wondrous love is this. What wondrous love is this.

Peace,

Fr. Brian Simpson

DOMINGO DE RAMOS 2022

¡Qué día absolutamente terriblemente maravilloso!

Nos reunimos para emular lo que hizo el pueblo de Jerusalén en los últimos días del ministerio público de Jesús, y luego dar testimonio de una de las verdades más profundas de nuestra fe.

Jesús el Cristo, el agente de la creación, el que nos ha dado la vida, y que es el amor mismo, ha entrado en su propia obra y ha revelado de la manera más llamativa su unión y amor por su creación. Durante casi todos los treinta o más años de su presencia en la tierra, ha evitado eventos públicos de veneración, reconocimiento o celebración de quién es él como el Cristo, el ungido de Dios, el Mesías, nuestro Salvador. El amor mismo ha sido solidario especialmente con los marginados de la sociedad como testimonio de la descripción de Isaías de él como siervo de Dios.

Pero esta vez es diferente.

El clímax de su ministerio está cerca. La gran expresión de la plenitud de su unidad con su creación en todos los aspectos está por suceder. La gran curación está a punto de ocurrir. La puerta de entrada a la plenitud de la vida para toda la creación está a punto de abrirse. Aquel que acaba de ser reconocido como Mesías, como Señor y Salvador, va a sufrir un sufrimiento extraordinario y una muerte humillante para lograr esa curación y abrir las puertas a la plenitud de la vida.

El amor mismo toma sobre sí nuestro sufrimiento, nuestro quebrantamiento, las injusticias que hemos sufrido y cometido, nuestra pecaminosidad en todas sus dimensiones y todo lo transforma en su pasión y muerte. De esta manera, el Amor mismo se une a todos los que alguna vez han sufrido o alguna vez sufrirán para validar el significado del sufrimiento y para hacernos saber que no solo sabe lo que es sufrir como nosotros, sino también que no tiene miedo de ser a nuestro lado para compartir nuestro sufrimiento con nosotros. Y como lo ha hecho tan a menudo en su ministerio público alcanzando y sanando a todos los que acudían a él, así también este sufrimiento es la mayor sanación para su creación.

Este regalo de sanación y vida no es sólo para los “buenos”. Es para los buenos y los malos, los justos y los injustos, para toda la humanidad y toda la creación. Jesús nos invita a aceptar este gran don como signo de su amor incondicional e irrepresivo por todos. Es el don de la transformación. Es la oferta de tomarlo como el centro de nuestras vidas, reconocer su presencia con y dentro de nosotros y el poder de su presencia para sanar la ilusión de la separación de El. Es la promesa, la esperanza y la oportunidad de convertirse plenamente en lo que Dios nos ha creado para ser.

El amor mismo no pasó por su pasión para que sintiéramos una culpa profunda, sino para que experimentáramos un amor profundo. No era para nosotros temer su retribución por nuestros pecados, pero como dice la Escritura en tantos lugares, podemos no tener miedo y poder acercarnos a nuestro Dios para sanidad y restauración.

Qué maravilloso amor es este. Qué maravilloso amor es este.

Paz,

Padre Brian Simpson